Sobre hacer cosas por el placer de hacerlas
Publicado el 3 de marzo de 2026
Recientemente he leído el artículo
The Colonization of confidence
de Robert Kingett. Es un buen artículo. Léelo. Me ha dejado pensando en un par de cosas sobre las que quiero elaborar.
En el artículo el autor habla sobre la influencia que están teniendo los modelos grandes de lenguaje en su afición a la escritura. Me interesan dos de estas influencias. El texto se centra sobre todo en la influencia a nivel emocional y de autopercepción pero a mí la primera que me ha llamado la atención es la influencia material:
"I'm losing money!" he wails. "I'm losing money, I can't write anymore—and readers—readers love my LLM writing! I don't know what to do, Rob! Readers like it. Editors like it. Editors. Editors of Magazines. I can't write anymore! I just—what the hell is happening to me—why do readers like it?"
"I don't know," I answer honestly, rocking him, trying to comfort his soul with my words. "But just because people want to eat McDonalds, that doesn't mean we need to stop home cooking. But I don't know what to do. I'm just one person, but Leo, I love you, okay? I'll always be here if you need me. If you need me to look over a draft or—"
"It's not just the subscription," he weeps. "It's the readers. They're getting used to the slop, Rob. They're getting used to the smooth edges. My writing... my real writing... it feels like it has too much friction now. Even the editors. Even the people who are supposed to know better."
Leo quiere escribir, pero viviendo en una sociedad capitalista en la que hace falta ganar dinero para tener un techo y comer también le gustaría ganar dinero a partir de su escritura. El cambio en la actitud de los lectores y los editores es en este contexto un golpe duro porque de nada sirve tener unas convicciones muy sólidas sobre cómo debería ser la literatura si eso implica morirse de hambre. Los muertos no escriben, ni bien ni mal. Hay una parte política y económica del asunto que no puede resolverse teniendo la razón muy fuerte. El texto tiene un enfoque muy personal y psicológico y esta escena tiene principalmente como objetivo precipitar la inseguridad de Leo, lo que lo lleva a dejar de escribir. Pasa por el tema de puntillas porque no tiene una respuesta a este problema. ¿Qué hacer cuando tu postura no funciona en lo material? No es una pregunta fácil.
Este sábado asistí a la octava edición del
Congrés de sobirania tecnològica
que se celebra en Barcelona. Es una frikada en la que durante un día se organizan charlas y se reune gente para hablar sobre temas de soberanía tecnológica, open source, privacidad y modelos alternativos de operar y distribuir sotware. Aunque me lo pasé muy bien porque el tema me interesa y estar rodeado de frikis afines siempre tiene su gracia recuerdo haber salido de ella con un cierto desdén cínico articulado en torno a la idea de que ninguna de las cosas de las que había oído hablar durante el día iban a tener un gran impacto en la práctica. Tengo la sensación de que este tipo de grupos tienden a terminar creando herramientas, espacios y alternativas que sólo son accesibles a gente muy friki y muy interesada, dispuesta a invertir una gran cantidad de tiempo y conocimiento. Gente con la predisposición a montar servidores en su casa, usar alternativas más complejas y a pasarse una tarde escarbando en foros en busca de la solución a un problema técnico en una herramienta sin documentación ni nadie que provea de soporte técnico. A lo largo del día me volvía a la mente una y otra vez aquel artículo de Bert Hubert de
What we in the open world are messing up in trying to compete with big tech
. Es muy divertido pasarse el día hablando sobre tecnologías abstrusas mediante las cuales cuatro frikis pueden permitirse evitar un producto mainstream, pero lo que a mí me gustaría de verdad es un producto tecnológicamente soberano que pueda usar mi madre y veo a muy poca gente siquiera planteándose esto. Este tipo de círculos del open source profundo y fanático también tienden a desarrollar una cierta mentalidad de jugador de
Dark souls
según la cual el conocimiento profundo de la tecnología es una virtud y si no eres capaz de usar la alternativa «buena» es tu culpa por no ser lo bastante bueno. Git gud.
Leer el artículo de Kinglett me ha reconciliado un poco con los hippies que montan servidores autogestionados potenciados por energía solar en su balcón. En la parte 3 nos cuenta cómo el autor se sale de su grupo de escritura actual y con ayuda de su amiga Sarah monta un nuevo grupo centrado en las ideas que quiere desarrollar sobre lo que la literatura debería ser. Poco a poco el grupo crece y se convierte en el espacio con el que el protagonista soñaba. La historia termina con Leo volviendo a escribir, recuperando la confianza y encontrando a la gente con la que compartir la forma en la que él vive la escritura. Me parece importante destacar que este grupo que forman no cambia apenas el mundo exterior y en absoluto resuelve los problemas materiales que tenían. Su capacidad de influir lo que el resto del mundo considera literatura o las tendencias de la industria editorial es cero. Ahora bien, el impacto psicológico que tiene en el bienestar de sus miembros es enorme. Visto así, me parece que la función que cumple ese grupo es suficiente.
Este artículo me ha hecho pensar en que la necesidad de maximizar el resultado de todas nuestras acciones, de pensar en cómo hacer que las cosas escalen y crezcan y tengan impacto, es parte de las mismas lógicas capitalistas de las que se supone que intentamos escapar. A veces la función de una actividad puede ser simplemente crear un espacio de pertenencia y diversión sin necesidad de cambiar el mundo, incluso si sobre el papel el grupo dice buscar lo contrario. Juntarse a escribir cosas raras o a cacharrear con distros oscuras de Linux puede ser divertido sin que tenga que buscar acabar con OpenAI o Google. Si aceptamos que una conversación de barra de bar sobre política en la que «arreglamos el mundo» puede ser una actividad de ocio divertida entendiendo que su impacto va a ser evidentemente ninguno, ¿podemos aceptar lo mismo de dar un paso más allá y juntarnos para hacer un proyecto open source por ejemplo? Cory Doctorow, que es una de las personas más pragmáticas dentro del mundo del software libre y que sí está dedicando los últimos años a buscar con cierta posibilidad de éxito un cambio político real,
escribía hace poco en su columna
sobre el placer mundano de llevar a cabo pequeños actos de resistencia sin ninguna efectividad sistémica solamente porque mola y por el mero gusto de hacerlos.
Mirando en perspectiva no me gusta ese desdén cínico que sentí en varios momentos a lo largo del día durante este último sábado. Recuerdo que en varias de las charlas la pregunta que me venía a la cabeza a menudo era «¿y esto cómo escala?». ¿Cómo extendemos esto para que sea usable por alguien más que tú y tus cuatro amigos hippies? Igual no hace falta. Igual que el ponente y sus cuatro amigos hippies se monten una placa de sol y un servidor de Mastodon ecosostenible y luego vengan a contarlo a otros grupos de cuatro amigos hippies es suficiente para crear espacios de conexión, comunidad, interés y diversión a los que poder escapar para recargar las pilas y echar la tarde haciendo frikadas guays. Yo mismo debería saber esto, pues esta página se escribe para aproximadamente tres lectores. Si buscara impacto y no mero disfrute del acto de escribir debería estar reevaluando seriamente mi estrategia. No siempre hace falta buscar cambiar el mundo. Por salud, también es importante encontrar tiempo para jugar.
Logo of RSS.