(Nomada Studio, 2018) es un videojuego español de hace unos años. Salió cuando yo estaba en tercero de carrera y fue inmediatamente aplaudido con las orejas por la gran mayoría de crítica, exceptuando a algún que otro pueblo galo que resistió valientemente la oleada de entusiasmo indiscriminado por un videojuego que por fin era arte. Supongo que el hecho de que fuera español contribuyó al fenómeno, al menos aquí, ya que no se ven tan a menudo juegos patrios triunfando allende las fronteras, lo que hace que la prensa local se emocione especialmente. Yo recuerdo jugar
al poco de que saliera y que me dejara bastante frío. Me sentí bastante fuera de este fenómeno de entusiasmo colectivo y me alivió encontrar a las pocas voces que criticaron duramente al título. Todavía a día de hoy suscribo gran parte de
el análisis de Víctor Samper "BeetBeatBit"
, un favorito de esta casa, que articula muchas de mis frustraciones con el juego y su recepción. Últimamente y a raíz de repensar otros juegos y por qué me impactaron en su día, he comenzado a ver
bajo una luz más favorable.