Un argumento bastante común que suelen esgrimir los defensores acérrimos de la saga
y su dificultad es que el juego es frustrante, sí, y esa es precisamente una de sus virtudes.
(2011) y sus secuelas nos enfrentan a la frustración, un sentimiento difícil, incómodo, y al hacer esto nos permiten practicar esta emoción, explorarla y prepararnos para lidiar mejor con ella en nuestras vidas. En este texto exploramos si esto es así de verdad o el videojuego de Hidetaka Miyazaki en realidad tan sólo nos provee con la ilusión de frustración.